Maxi Copello & Raquel Makow


www.maxiraqueltango.com

Maxi Copello

En su niñez, respirar tango era algo cotidiano, cuando acompañaba a su padre a los diferentes teatros y shows, sentado en la cabina de luces mirando con asombro y admiración cada Tango. Al terminar, Copello lo llevaba a comer pizza a lo del ¨Tío Felipe¨, un lugar que después de la media noche era el refugio de bailarines, milonguero y artistas. Rodeado por una nube de humo y anécdotas escuchaba hablar de tango hasta que el sueño lo vencía y los ojos se le cerraban.

En su adolescencia estaba dedicado al estudio del cine y a ser jugador de Voleibol, el tango era solo un pasatiempo que no tenia mucha importancia. Pero poco a poco, el interés lo llevo a mirar los vídeos de su padre, y luego a probar por el mismo lo que estaba viendo. Fue así, que la curiosidad, o los genes, fueron mas fuertes que el, y comenzó a tomar clases a escondidas, escapandose de sus entrenamientos deportivos.

Y así es como, entre las historias de niño, el cine, el deporte y algún que otro video, se gestó su mayor pasión. “EL TANGO”

​Raquel Makow

Nació en San Francisco, California, en la primavera del año 1991. Fue criada por un padre porteño y una madre Neoyorquina. Desde chica estuvo expuesta al arte. Comenzó a bailar Jazz, Ballet y Ballroom a la edad de los 10 años. A lo largo del tiempo se enfocó más en el Ballroom (ritmos latinos) que incluye Cha Cha, Samba, Rumba, Paso Doble y Jive.

A los 15 años empezó a participar en competencias, lo que la llevó a recorrer estados unidos y más adelante Europa. El mismo año viajó a Buenos Aires para visitar su familia. En ese viaje tomó sus primeras clases de Tango y asistió a su primera milonga, La Viruta. Fue en ese momento de sentir su primer abrazo que se metió en otro mundo, un mundo de placer, olvidándose de todo el resto y enamorándose del tango. Después volvió a su vida en San Francisco, a su mundo de Ballroom, un ambiente exigente de competencias, brillos y luces. Pero se llevó el recuerdo y la sensación de aquella noche en la milonga, algo que quedó grabado para siempre en su corazón.

A los 19 años se mudó a Portugal para bailar con un renombrado bailarín de Ballroom. Juntos consiguieron el título de Campeones Nacionales de Portugal 2011. Raquel después continuó su carrera en la República Checa y Canadá ganando otros premios internacionales. Pero a pesar del éxito en su carrera, algo faltaba en su vida, y sin ello, su alma no se llenaba al final del día. Nunca se olvidó de esa sensación que le dio el Tango. Y más y más cada día añoraba el tango y ese abrazo tan dulce de la milonga. Sus días se disolvían entre canciones de Carlos Gardel y Juan D’Arienzo, y sintió una necesidad tan fuerte de bailar Tango que no podía resistir más. Así que en 2013 decidió abandonar el Ballroom para mudarse a Buenos Aires y dedicarse al Tango. Se fue a Buenos Aires sin trabajo, sin saber que vida se iba llevar, todo para buscar esa sensación que le dio el Tango.

En Buenos Aires, se dedicó a aprender, ensayar, salir a las milongas, y entregarse 100% al Tango. Fue y sigue siendo un camino gratificante y frustrante al mismo tiempo. Descubrió que el Tango es un arte muy profundo que no se puede tapar con brillos y trucos. En el Tango uno tiene que abrirse al otro y conectar de un lugar mucho más íntimo que en otras danzas. Raquel fue aprendiendo más sobre ella misma mientras estudiaba y bailaba Tango. En Buenos Aires también trabajaba como jueza de Ballroom y entrenadora de las mejores parejas de Ballroom en Argentina y Uruguay.

Y entonces en una noche tranquila de la semana en Mayo de 2015, Raquel Makow y Maxi Copello se conocieron en la famosa milonga de Salón Canning. Pasaron toda la noche bailando con otras personas hasta el final de la noche cuando la gente se iba uno por uno, y la pista se vaciaba lentamente. Quedaron solo los trasnochadores milongueros y ellos dos.

Raquel se quedó quieta en su silla por primera vez en la noche. Maxi tuvo por fin una oportunidad. Se miraron en los ojos, Maxi la cabeceó y juntos entran en la pista. Maxi la abrazó a Raquel, y ella se cerró los ojos sintiendo y escuchando cada cosa que Maxi le decía con su cuerpo. En ese instante se conocieron más profundamente que hubiesen podido con palabras. Pasó algo mágico que le hizo sentir a Raquel como se sintió su primera vez bailando en la milonga. De repente entró en otro mundo perdiendo la noción de tiempo y espacio. Al seguir su intuición, Raquel sabía en ese momento que encontró su alma gemela en el baile. Desde entonces Maxi y Raquel bailan juntos profesionalmente y comparten el mismo sueño de bailar, crear arte, y transmitir su amor por el tango a los otros.